ESPAÑA (5): Casillas; Juanfran, Albiol, Ramos (Bartra,
m. 69), Alba; Koke (Munir, m. 79), Busquets, Cesc; Silva, Alcácer (Isco,
m. 56), Pedro.
MACEDONIA (1): Pacovski; Ristovski, Mojsov, Sikov,
Cuculi, Alioski (Demiri, m. 47); Ibrahimi, Spirovski (Radeski, m. 64),
Trajkovski, Abdurahimi (Velkovski, m. 76); Jahovic.
Goles: 1-0. M. 15. Ramos (de penalti). 2-0. M. 16. Alcácer.
2-1. M. 27. Ibraimi (de penalti). 3-1. M. 47. Busquets. 4-1. M. 49. Silva. 5-1.
M. 91. Pedro.
Árbitro: A. Sidiropoulos (Grecia). Amonestó a Ristovski, Abdurahimi, Koke y Cesc.
Ciutat de València. 22.000 espectadores
Lejos de la irrelevancia que se supone a un partido de trámite, el encuentro de hoy era muy interesante tácticamente por ser el primero de la selección tras el fracasado Mundial y el consiguiente retiro de varias vacas sagradas de la gloriosa época recién pasada, como Xavi, Xabi Alonso y Villa.
Dos factores importantes marcaron el partido, y de él emergió una conclusión muy importante. Los dos factores fueron la baja ya permanente de Alonso, que obligaba a Del Bosque a elegir sistema de juego (en el sentido tanto de esquema como de método), y la renovada ambición de un equipo que abre una etapa nueva, con jugadores veteranos que se quieren reivindicar, otros que piden nuevo protagonismo y meritorios recién llegados.
La conclusión, confirmada a lo largo del partido pese a momentos de indecisión, es que Del Bosque ha elegido –al menos para partidos ante equipos inferiores, pero es de suponer que como apuesta seria de futuro– abrazar el juego de posición de la escuela del Barcelona de modo, si cabe, aún más claro que en tiempos de Alonso. La baja del vasco implicaba una elección entre el 4-1-2-3 y el 4-2-1-3, esto es, entre jugar con doble pivote o meter un segundo volante por delante de Busquets. La elección de esquema, por una vez, tenía implicaciones profundas en el método de juego: liberado del peaje (pónganse a la palabra todas las comillas que quepan) del tolosarra que obligaba al 2+1 en el centro, el seleccionador podía situar el 1+2 à la Barça y con él apostar por el juego de posición y la presión alta y rápida tras pérdida, o bien recular a un doble pivote estándar. Fue lo primero, y sumado a la necesaria y renovada ambición del equipo los macedonios fueron laminados; su 5-4-1 servía de poco por la pasividad de sus centrales y la energía en la presión de los españoles.
Las dudas llegaron a los veinte minutos: la rutina de juego vertical de Koke y el converso mourinhista Fàbregas, en las posiciones decisivas de interiores, provocó un correcalles que igualó la posesión hasta el descanso.
Ahí llegó la sublime decisión de Del Bosque, enfrentado a un inesperado momento crucial: eligió en el descanso el camino del juego de posesión y posición, y todo volvió a su lugar. El equipo se agrupó en torno al balón; contragolpes inciertos fueron voluntariamente frenados por los españoles a fin de someter al rival. El cambio a cuatro atrás de los visitantes poco alivió sus problemas.
Pero sobre todo Del Bosque pareció haber elegido un camino de futuro: mientras la factoría de La Masia y sus métodos funcionen, la selección se garantiza un estilo perdurable. Desde hoy, el estilo ya no es cosa de una generación.
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martes, 9 de septiembre de 2014
lunes, 23 de junio de 2014
Australia 0 - España 3 (tercer partido de la fase de grupos del Mundial de Brasil 2014)
AUSTRALIA (0): Ryan; McGowan, Wilkinson, Spiranovic, Davidson; Jedinaki, McKay; Leckie, Bozanic (Bresciano, m.72), Oar
(Holland, m.61); y Taggart (Halloran, m.46). ESPAÑA (3): Reina; Juanfran, Albiol, Ramos, Jordi Alba; Koke, Alonso (Silva, min. 83), Iniesta; Cazorla (Cesc, 68), Torres y Villa (Mata, 56).
Goles: 0-1, m.36: Villa. 0-2, m.69: Fernando Torres. 0-3, m.82: Mata.
Arbitro: Nawaf Shukralla (BAH). Amonestó a Jedinak por Australia, y a Sergio Ramos por España.
Buena temperatura y terreno de juego en mal estado en el estadio Arena de Baixada de Curitiba, lleno, con 39.631 personas en las gradas. Público mayoritariamente vestido con la camiseta amarilla de Brasil, idéntica a la de los australianos, y de gran animadversión hacia los españoles.
Pocas conclusiones pueden sacarse de un partido de guante blanco entre dos equipos igualmente desmotivados por eliminados, pero lo cierto es que en el primer partido que España jugó en el clima donde preparó sus partidos de este Mundial, su rendimiento físico fue parejo al de su rival e impuso claramente su superioridad técnica ante un equipo que había dados serios problemas pocos días antes a Holanda. Ramos y Alba parecían otra vez rápidos, Torres era potente, Iniesta veía las asistencias, Silva desbordaba...
Primer cuarto de hora
Del Bosque sacó una mezcla de veteranos en despedida y meritorios. Sobre el papel, Alonso era mediocentro, Iniesta y Koke los interiores izquierdo y derecho respectivamente, Villa y Cazorla los extremos en cada banda y Torres el delantero centro.
Los australianos situaban un 4-2-3-1 con el rígido McGowan en el lateral derecho, en el que Jedinak era mediocentro derecho y quien venía a pedirla entre los centrales, McKay se descolgaba en ataque desde el mediocentro izquierdo, y Bozanic quedaba en la mediapunta. Australia presiona de salida arriba y trata de atacar por su banda buena, la izquierda.
España sale con poco ritmo y además mal situada; Iniesta y Koke empiezan muy atrás, de modo que Torres es quien estorba a Jedinak y el equipo nunca presiona arriba. El 4-3-3 de un solo pivote demuestra una vez más ser un mal sistema para defender el ataque estático.
Minutos 15 al 45
Los españoles ajustan por fin sus posiciones: Iniesta se libera posicionalmente en ataque y defiende ya como mediapunta a Jedinak –incluso a veces va a por el central derecho aussie–, Koke queda en defensa prácticamente como segundo pivote y toma a McKay, y Alonso se empareja con el mediapunta. España, a efectos prácticos en 4-2-3-1, aprieta arriba y van cayendo las ocasiones y el gol. El partido es siempre, en todo caso, de ritmo bajo.
Segunda parte
Australia aprieta de nuevo durante los primeros quince o veinte minutos, sin mayores apuros para España. Ambos seleccionadores refrescan sus hombres de arriba y las ocasiones y los goles van cayendo del lado español.
Goles: 0-1, m.36: Villa. 0-2, m.69: Fernando Torres. 0-3, m.82: Mata.
Arbitro: Nawaf Shukralla (BAH). Amonestó a Jedinak por Australia, y a Sergio Ramos por España.
Buena temperatura y terreno de juego en mal estado en el estadio Arena de Baixada de Curitiba, lleno, con 39.631 personas en las gradas. Público mayoritariamente vestido con la camiseta amarilla de Brasil, idéntica a la de los australianos, y de gran animadversión hacia los españoles.
Pocas conclusiones pueden sacarse de un partido de guante blanco entre dos equipos igualmente desmotivados por eliminados, pero lo cierto es que en el primer partido que España jugó en el clima donde preparó sus partidos de este Mundial, su rendimiento físico fue parejo al de su rival e impuso claramente su superioridad técnica ante un equipo que había dados serios problemas pocos días antes a Holanda. Ramos y Alba parecían otra vez rápidos, Torres era potente, Iniesta veía las asistencias, Silva desbordaba...
Primer cuarto de hora
Del Bosque sacó una mezcla de veteranos en despedida y meritorios. Sobre el papel, Alonso era mediocentro, Iniesta y Koke los interiores izquierdo y derecho respectivamente, Villa y Cazorla los extremos en cada banda y Torres el delantero centro.
Los australianos situaban un 4-2-3-1 con el rígido McGowan en el lateral derecho, en el que Jedinak era mediocentro derecho y quien venía a pedirla entre los centrales, McKay se descolgaba en ataque desde el mediocentro izquierdo, y Bozanic quedaba en la mediapunta. Australia presiona de salida arriba y trata de atacar por su banda buena, la izquierda.
Con balón en posesión australiana, min. 1 al 15
España sale con poco ritmo y además mal situada; Iniesta y Koke empiezan muy atrás, de modo que Torres es quien estorba a Jedinak y el equipo nunca presiona arriba. El 4-3-3 de un solo pivote demuestra una vez más ser un mal sistema para defender el ataque estático.
Minutos 15 al 45
Los españoles ajustan por fin sus posiciones: Iniesta se libera posicionalmente en ataque y defiende ya como mediapunta a Jedinak –incluso a veces va a por el central derecho aussie–, Koke queda en defensa prácticamente como segundo pivote y toma a McKay, y Alonso se empareja con el mediapunta. España, a efectos prácticos en 4-2-3-1, aprieta arriba y van cayendo las ocasiones y el gol. El partido es siempre, en todo caso, de ritmo bajo.
Con balón en posesión australiana, min. 15 en adelante
Segunda parte
Australia aprieta de nuevo durante los primeros quince o veinte minutos, sin mayores apuros para España. Ambos seleccionadores refrescan sus hombres de arriba y las ocasiones y los goles van cayendo del lado español.
jueves, 19 de junio de 2014
España 0 - Chile 2 (segundo partido de la fase de grupos del Mundial de Brasil 2014)
ESPAÑA (0): Casillas; Azpilicueta, Javi Martínez,
Sergio Ramos, Jordi Alba; Busquets, Xabi Alonso (Koke, m. 46); Pedro
(Cazorla, m. 76), Silva, Iniesta; y Diego Costa (Fernando Torres, m.
69).
CHILE (2): Claudio Bravo; Silva, Medel, Jara; Isla, Aránguiz (Felipe Gutiérrez, m. 69), Díaz, Mena; Vidal (Carmona, m. 87); Alexis y Vargas (Valdivia, m. 86).
Goles: 0-1, m. 20: Vargas. 0-2, m. 43: Charles Aranguiz.
Árbitro: Mark W. Geiger (Estados Unidos). Amonestó a los chilenos Vidal y Medel y al español Xabi Alonso.
Incidencias: Partido disputado en el estadio Maracaná ante 74.374 espectadores, 30.000 de ellos chilenos. Lleno. Tras este resultado España quedará eliminada
Los hechos biológicos
Es verdad incontrovertible que desde la cima, más tarde o más pronto, hay necesariamente que caer –aunque ni siquiera hayas aparecido en la portada del Sports Illustrated–, de modo que la decadencia del mejor equipo de la historia de las selecciones era inexorablemente una cuestión de tiempo. Menos previsible era una caída tan abrupta, y vamos a hacer nuestro intento de explicarla, ya que no la vimos venir hace un año.
1) La razón más obvia es la decadencia física o incluso desaparición como tales de algunos jugadores de primera importancia. Entre ellos nos interesa destacar a Villa, el mejor delantero de la historia del fútbol español pero poco valorado por la prensa nacional por no haber hecho carrera (ni siquiera haberse dignado a nacer) en su sede; no ha tenido ni siquiera cinco minutos en este Mundial, hecho que ha pasado curiosamente desapercibido. Si unimos esta ausencia de facto a la de Puyol y a la evidente decadencia de dos hombres de primerísimo nivel y posiciones decisivas, Casillas y Xavi, tendremos ya fácil comprensión de buena parte de los problemas del equipo.
2) A ello se ha sumado la bajada de nivel colectiva de los jugadores del Barcelona, adivinada por Guardiola cuando se marchó en vista de que no sería posible mantener la exigencia de sus años, lenta pero inexorablemente materializada durante los mandatos de Vilanova y Martino, y manifestada en el estado de forma de Piqué, Alba, Pedro o incluso Busquets. La selección, al cabo, vivía de los mecanismos del mejor Barça de la historia, y ese equipo ya no existe.
3) Se ha atribuido el desastre a un mal estado físico general del equipo, pero sin dar razones diferenciales respecto a otras selecciones cuyos jugadores (pensemos en Robben entre cien ejemplos) han tenido una temporada tan exigente como cualquiera, y pese a que los entrenos en Curitiba se daban hace pocos días por muy buenos. Sí se avisó aquí y acá, sin embargo, de una ventaja física aburdamente concedida por España a sus rivales: se entrenó en un clima invernal y se pasó sin tiempo para la aclimatación (apenas un día y una noche cada vez) a jugar en entornos calurosos y húmedos (Bahía y Río), que aplatanan el cuerpo y lo dejan sin recursos ante situaciones de máxima exigencia física. Holanda, Chile y Australia, mientras tanto, se concentraban respectivamente en Río, Belo Horizonte y Vitória, sitios tal vez menos cómodos pero con un clima más parecido al de los primeros partidos por afrontar. Que la federación española ya conociera de primera mano estos condicionantes señala gravemente a los responsables de tal disparate.
4) Con tales premisas (especialmente decisiva la baja de Xavi en este aspecto) se desvanecía la superioridad técnica que requiere el juego de posición al estilo del Barcelona, emulado por la selección en los últimos ocho años. Para practicarlo comm'il faut son necesarias posesiones largas y en zonas calientes que desgasten y descoloquen al rival, y al tiempo agrupen al equipo en torno al balón para la presión inmediata a la pérdida, clave del sistema. Tanto Chile como Holanda, a base de presión alta y fuerte, consiguieron acercar sus niveles de posesión a los de España, que perdió así su ventaja táctica y se vio expuesta a contras para las que ya no contaba con el rapidísimo Puyol como apagafuegos.
Una dinámica anímica negativa, la falta de tensión competitiva (véase el arranque del España-Chile), la escasa atención a los detalles (¿se sacó ayer algún provecho a la manifiesta superioridad aérea ante Chile?) y el infortunio en momentos puntuales (como la falta a Casillas no señalada en el 1-3 holandés, su error infantil ante Van Persie o errores a puerta vacía como el de Torres ante Holanda y Busquets ayer) han rematado a un equipo que en todo caso estaba lejos de su nivel pasado.
Primera media hora
Analicemos con todo aspectos posicionales del partido de ayer. Heredera de la selección de Bielsa, la de ayer de Chile practicó su –esperada y valiente– presión intensísima y alta, e imitó a Holanda y a tantos otros en su disposición en el campo: tres centrales (alguno no precisamente muy alto ni muy central, como Medel), doble pivote, carrileros adelantados, un volante móvil (Vidal) y dos delanteros, Alexis y Vargas, caídos respectivamente a derecha e izquierda. Enfrente Del Bosque prescindió de Xavi (pese a su buen reparto de asistencias en el primer partido) y colocó un convencional (y raro de ver en este equipo) 4-2-3-1 con Pedro de verdadero extremo derecho, Iniesta de falso izquierdo para dejar pasillo a Alba, Silva de mediapunta liberado, y Costa como ancla.
Los mediocentros españoles se escalonaron esta vez mal, si lo hicieron, pues Busquets apenas retrasó su posición para la salida de balón; uno de los puntas chilenos se emparejó las más de las veces con él y un timorato Javi Martínez no supo aprovechar su relativa libertad para dar salida fluida a la jugada, lo que unido a la fuerte presión de la línea de cuatro del centro del campo de Chile (carrileros y mediocentros) ahogó la salida de pelota española y equilibró un tanto la posesión, además de permitir a los sudamericanos soltar contras, como la del 0-1. El ritmo del partido era muy alto. España apenas la tenía en campo rival y ni siquiera sacaba provecho de los pelotazos hacia Costa, inteligentemente emparejado con Medel (que, de los tres, era el central del centro, digamos) pero incapaz de sacar ventaja de la de sus centímetros.
Segunda media hora
La insostenible presión chilena baja un grado y España toca la pelota con alguna fluidez e incluso llega con cierto peligro. Al descanso y tras el 0-2 Koke suple como mediocentro izquierdo a un superado y tarjeteado Alonso. España carga el juego por esa banda y por fin (diez primeros minutos de la segunda parte) encierra a Chile, que amontona gente cerca del área. España ronda el gol pero este no cae.
Media hora final
Fundida físicamente, la selección baja los brazos y el partido acaba penosamente a ritmo de pretemporada.
Jugador por jugador
Casillas: Parece haber envejecido prematuramente en lo deportivo: como los porteros viejos, hace tiempo que para más por intuición que por agilidad. A ello se le une una excesiva relajación, rayana en la desconcentración, que viene de al menos hace un par de años. Falla técnicamente en los dos goles: en el primero echa por delante los pies cuando lo natural era poner ahi las manos (y mucho se entrena para no caer siempre al mismo lado en las salidas); y en el segundo se pasa de frenada con el cuerpo y por ello se ve obligado a despejar hacia el área.
Azpilicueta: Aseado en defensa pero inoperante en ataque, donde apenas mejoró –quién lo iba a decir– a Arbeloa.
Javi Martínez: Pese a no ser central natural ni muy rápido pasó pocos apuros defensivos. Demasiado reservón en la salida de la jugada.
Ramos: Algo descentrado, pero sin duda el más comprometido. Nunca se entregó.
Alba: Los sistemas rivales le pusieron una marca clara, y así nunca sorprendió: en lugar de llegar desde atrás, simplemente estaba.
Busquets: La tocó tan bien como casi siempre, pero lo pasa mal cuando su equipo no domina el partido y se ve obligado a defender en estático. Acabó desquiciado.
Alonso: Mal partido de nuevo, superado por el ritmo y la presión chilena.
Pedro: La superioridad física de Chile le impidió encarar en igualdad: siempre llegaba una ayuda.
Silva: Fracasó de nuevo, como suele en los partidos grandes. Ni encontró el pase final, ni supo ser Xavi para cambiar el juego cuando se requería.
Iniesta: Lo único potable en ataque. Buscó las zonas entre líneas y puso a algún compañero de gol.
Costa: Uno de los errores del banquillo fue meterlo directamente en el equipo del Mundial sin preparación para que sus compañeros se habituaran a sus movimientos, y años hubo para ello. No se supo imponer a los centrales de espaldas a puerta ni por arriba, lo que hubiera desahogado al centro del campo.
Koke: Metió más ritmo que Alonso, que ya era algo.
Torres: Apenas un par de intentos de hacer su jugada. Enredado.
Cazorla: Al parecer jugó.
CHILE (2): Claudio Bravo; Silva, Medel, Jara; Isla, Aránguiz (Felipe Gutiérrez, m. 69), Díaz, Mena; Vidal (Carmona, m. 87); Alexis y Vargas (Valdivia, m. 86).
Goles: 0-1, m. 20: Vargas. 0-2, m. 43: Charles Aranguiz.
Árbitro: Mark W. Geiger (Estados Unidos). Amonestó a los chilenos Vidal y Medel y al español Xabi Alonso.
Incidencias: Partido disputado en el estadio Maracaná ante 74.374 espectadores, 30.000 de ellos chilenos. Lleno. Tras este resultado España quedará eliminada
Los hechos biológicos
Es verdad incontrovertible que desde la cima, más tarde o más pronto, hay necesariamente que caer –aunque ni siquiera hayas aparecido en la portada del Sports Illustrated–, de modo que la decadencia del mejor equipo de la historia de las selecciones era inexorablemente una cuestión de tiempo. Menos previsible era una caída tan abrupta, y vamos a hacer nuestro intento de explicarla, ya que no la vimos venir hace un año.
1) La razón más obvia es la decadencia física o incluso desaparición como tales de algunos jugadores de primera importancia. Entre ellos nos interesa destacar a Villa, el mejor delantero de la historia del fútbol español pero poco valorado por la prensa nacional por no haber hecho carrera (ni siquiera haberse dignado a nacer) en su sede; no ha tenido ni siquiera cinco minutos en este Mundial, hecho que ha pasado curiosamente desapercibido. Si unimos esta ausencia de facto a la de Puyol y a la evidente decadencia de dos hombres de primerísimo nivel y posiciones decisivas, Casillas y Xavi, tendremos ya fácil comprensión de buena parte de los problemas del equipo.
2) A ello se ha sumado la bajada de nivel colectiva de los jugadores del Barcelona, adivinada por Guardiola cuando se marchó en vista de que no sería posible mantener la exigencia de sus años, lenta pero inexorablemente materializada durante los mandatos de Vilanova y Martino, y manifestada en el estado de forma de Piqué, Alba, Pedro o incluso Busquets. La selección, al cabo, vivía de los mecanismos del mejor Barça de la historia, y ese equipo ya no existe.
3) Se ha atribuido el desastre a un mal estado físico general del equipo, pero sin dar razones diferenciales respecto a otras selecciones cuyos jugadores (pensemos en Robben entre cien ejemplos) han tenido una temporada tan exigente como cualquiera, y pese a que los entrenos en Curitiba se daban hace pocos días por muy buenos. Sí se avisó aquí y acá, sin embargo, de una ventaja física aburdamente concedida por España a sus rivales: se entrenó en un clima invernal y se pasó sin tiempo para la aclimatación (apenas un día y una noche cada vez) a jugar en entornos calurosos y húmedos (Bahía y Río), que aplatanan el cuerpo y lo dejan sin recursos ante situaciones de máxima exigencia física. Holanda, Chile y Australia, mientras tanto, se concentraban respectivamente en Río, Belo Horizonte y Vitória, sitios tal vez menos cómodos pero con un clima más parecido al de los primeros partidos por afrontar. Que la federación española ya conociera de primera mano estos condicionantes señala gravemente a los responsables de tal disparate.
4) Con tales premisas (especialmente decisiva la baja de Xavi en este aspecto) se desvanecía la superioridad técnica que requiere el juego de posición al estilo del Barcelona, emulado por la selección en los últimos ocho años. Para practicarlo comm'il faut son necesarias posesiones largas y en zonas calientes que desgasten y descoloquen al rival, y al tiempo agrupen al equipo en torno al balón para la presión inmediata a la pérdida, clave del sistema. Tanto Chile como Holanda, a base de presión alta y fuerte, consiguieron acercar sus niveles de posesión a los de España, que perdió así su ventaja táctica y se vio expuesta a contras para las que ya no contaba con el rapidísimo Puyol como apagafuegos.
Una dinámica anímica negativa, la falta de tensión competitiva (véase el arranque del España-Chile), la escasa atención a los detalles (¿se sacó ayer algún provecho a la manifiesta superioridad aérea ante Chile?) y el infortunio en momentos puntuales (como la falta a Casillas no señalada en el 1-3 holandés, su error infantil ante Van Persie o errores a puerta vacía como el de Torres ante Holanda y Busquets ayer) han rematado a un equipo que en todo caso estaba lejos de su nivel pasado.
Primera media hora
Analicemos con todo aspectos posicionales del partido de ayer. Heredera de la selección de Bielsa, la de ayer de Chile practicó su –esperada y valiente– presión intensísima y alta, e imitó a Holanda y a tantos otros en su disposición en el campo: tres centrales (alguno no precisamente muy alto ni muy central, como Medel), doble pivote, carrileros adelantados, un volante móvil (Vidal) y dos delanteros, Alexis y Vargas, caídos respectivamente a derecha e izquierda. Enfrente Del Bosque prescindió de Xavi (pese a su buen reparto de asistencias en el primer partido) y colocó un convencional (y raro de ver en este equipo) 4-2-3-1 con Pedro de verdadero extremo derecho, Iniesta de falso izquierdo para dejar pasillo a Alba, Silva de mediapunta liberado, y Costa como ancla.
Los mediocentros españoles se escalonaron esta vez mal, si lo hicieron, pues Busquets apenas retrasó su posición para la salida de balón; uno de los puntas chilenos se emparejó las más de las veces con él y un timorato Javi Martínez no supo aprovechar su relativa libertad para dar salida fluida a la jugada, lo que unido a la fuerte presión de la línea de cuatro del centro del campo de Chile (carrileros y mediocentros) ahogó la salida de pelota española y equilibró un tanto la posesión, además de permitir a los sudamericanos soltar contras, como la del 0-1. El ritmo del partido era muy alto. España apenas la tenía en campo rival y ni siquiera sacaba provecho de los pelotazos hacia Costa, inteligentemente emparejado con Medel (que, de los tres, era el central del centro, digamos) pero incapaz de sacar ventaja de la de sus centímetros.
Segunda media hora
La insostenible presión chilena baja un grado y España toca la pelota con alguna fluidez e incluso llega con cierto peligro. Al descanso y tras el 0-2 Koke suple como mediocentro izquierdo a un superado y tarjeteado Alonso. España carga el juego por esa banda y por fin (diez primeros minutos de la segunda parte) encierra a Chile, que amontona gente cerca del área. España ronda el gol pero este no cae.
Media hora final
Fundida físicamente, la selección baja los brazos y el partido acaba penosamente a ritmo de pretemporada.
Jugador por jugador
Casillas: Parece haber envejecido prematuramente en lo deportivo: como los porteros viejos, hace tiempo que para más por intuición que por agilidad. A ello se le une una excesiva relajación, rayana en la desconcentración, que viene de al menos hace un par de años. Falla técnicamente en los dos goles: en el primero echa por delante los pies cuando lo natural era poner ahi las manos (y mucho se entrena para no caer siempre al mismo lado en las salidas); y en el segundo se pasa de frenada con el cuerpo y por ello se ve obligado a despejar hacia el área.
Azpilicueta: Aseado en defensa pero inoperante en ataque, donde apenas mejoró –quién lo iba a decir– a Arbeloa.
Javi Martínez: Pese a no ser central natural ni muy rápido pasó pocos apuros defensivos. Demasiado reservón en la salida de la jugada.
Ramos: Algo descentrado, pero sin duda el más comprometido. Nunca se entregó.
Alba: Los sistemas rivales le pusieron una marca clara, y así nunca sorprendió: en lugar de llegar desde atrás, simplemente estaba.
Busquets: La tocó tan bien como casi siempre, pero lo pasa mal cuando su equipo no domina el partido y se ve obligado a defender en estático. Acabó desquiciado.
Alonso: Mal partido de nuevo, superado por el ritmo y la presión chilena.
Pedro: La superioridad física de Chile le impidió encarar en igualdad: siempre llegaba una ayuda.
Silva: Fracasó de nuevo, como suele en los partidos grandes. Ni encontró el pase final, ni supo ser Xavi para cambiar el juego cuando se requería.
Iniesta: Lo único potable en ataque. Buscó las zonas entre líneas y puso a algún compañero de gol.
Costa: Uno de los errores del banquillo fue meterlo directamente en el equipo del Mundial sin preparación para que sus compañeros se habituaran a sus movimientos, y años hubo para ello. No se supo imponer a los centrales de espaldas a puerta ni por arriba, lo que hubiera desahogado al centro del campo.
Koke: Metió más ritmo que Alonso, que ya era algo.
Torres: Apenas un par de intentos de hacer su jugada. Enredado.
Cazorla: Al parecer jugó.
lunes, 1 de julio de 2013
España 0 - Brasil 3 (final de la Copa Confederaciones 2013)
ESPAÑA (0): Casillas; Arbeloa (Azpilicueta, m. 46),
Piqué, Sergio Ramos, Jordi Alba; Xavi, Busquets, Iniesta; Pedro, Torres (Villa, m. 59) y Mata (Navas, m.
52).
No utilizados: Valdés, Reina; Albiol, Javi Martínez, Cesc, Soldado, Monreal, Cazorla y Silva.
BRASIL (3): Julio César; Alves, Thiago Silva, David Luiz, Marcelo; Luiz Gustavo, Paulinho (Hernanes, m. 87); Hulk (Jadson, m. 72), Óscar, Neymar; y Fred (Jo, m. 79).
No utilizados: Jefferson, Cavalieri; Dante, Filipe, Jean, Réver, Fernando, Lucas Moura, Luiz Gustavo y Bernard.
Goles:1-0. M. 2. Fred. 2-0. M. 44. Neymar. 3-0. M. 47. Fred.
Árbitro: Bjorn Kuipers (Holanda). Expulsó a Piqué con tarjeta roja directa (m. 68) y amonestó a Arbeloa y Sergio Ramos.
Lleno (unos 75.000 espectadores) en Maracaná, Río de Janeiro.
De la dura derrota de España hoy ante Brasil no deben sacarse conclusiones extremas ni precipitadas. Durante el partido se dieron casi todas las circunstancias que pueden poner un partido cuesta arriba: un rival hipermotivado, un ambiente cargadísimo en contra, un gol tempranero que lo alimenta y alivia los nervios del local, jugadas puntuales resueltas en contra en momentos decisivos –como el penalti fallado y, sobre todo, el balón sacado in extremis a Pedro por David Luiz–, un arbitraje tendencioso y permisivo con el estilo de fútbol del rival, una pequeña desventaja en el estado físico –por dos partidos duros en un clima infernal y un día menos de descanso–, el acierto poco habitual del portero rival y, lo que más nos interesa, algún error de planteamiento del entrenador español. Algunas de estos problemas, como el ambiente y los arbitrajes, se repetirán previsiblemente en el próximo Mundial, pero otros difícilmente conicidirán de nuevo. Por demás, aunque algún jugador como Xavi –incapaz de seguir el ritmo requerido por el partido– muestre síntomas de decadencia, el relevo generacional está asegurado y no se adivina el cambio de ciclo que los agoreros que lo desean desde hace años anuncian hoy: no se puede ganar siempre, y desde la cima sólo cabe mantenerse o bajar, pero no hay argumentos futbolísticos para pensar que esta selección vaya a caer pronto de las alturas donde los títulos se pueden ganar.
Primera parte
Del Bosque repitió el planteamiento de los partidos ante Nigeria e Italia: plantó el esquema y la base de equipo del Barça, el conocido 4-3-3 esta vez con Pedro por la derecha, Mata por la izquierda y Torres arriba; pero de nuevo, tal vez por no fiarse de que el estado físico de su equipo soportara un ritmo intenso, renunció a la presión alta y rápida tras pérdida, fundamento del juego de los catalanes. Como ya se discutió aquí, si se pretendía hacer un juego defensivo convencional y esperar al rival a media cancha tal vez hubiese sido más coherente utilizar a Javi Martínez para el doble pivote, aunque la plantilla de Del Bosque no estuviese diseñada para ello.
España salió pues a enfriar el partido y verlas venir; su rival, sin embargo, salió con las revoluciones a tope, y pasó por encima de los españoles en el primer cuarto de hora, en el que acumuló varias ocasiones claras con un juego basado en una presión fuerte en el centro, faltas frecuentes y cierta violencia consentida por el árbitro y celebrada por la grada, más contragolpes rápidos y balones largos a los extremos antes que riesgo en la elaboración. La primera ocasión acabó muy pronto dentro, tras usar un recurso luego repetido en el partido: los balones largos cruzados de David Luiz a Hulk, para aprovechar su superioridad en el choque ante Alba. Brasil había planteado su habitual 4-2-3-1 con mucho físico por dentro, y España no tuvo ni la firmeza en las áreas ni la suerte que salvaron el tramo inicial ante Italia y la primera parte ante Nigeria.
El natural cansancio progresivo de los brasileños pudo recibir su castigo en el cuarto de hora final de esta mitad, pero entonces dos jugadas decisivas, una en cada área, cayeron del lado local y el partido se puso 2-0.
Segunda parte
Del Bosque corrige a la fuerza su discutible planteamiento inicial: manda la presión arriba y Torres ya sí tiene la compañía de Iniesta o Xavi para apretar en la salida a los centrales brasileños. España es mejor a todo lo largo de la segunda mitad, pero de nuevo Brasil acierta en su primera ocasión y además España falla un penalti que pudo meterla de nuevo en el partido con más de media hora por delante. El técnico español refrescó el equipo con cambios de hombre, no de esquema: Azpilicueta por el tarjeteado Arbeloa, Navas por Mata con cambio de banda de Pedro como ante Italia, y Villa por Torres. Poco después de este cambio el árbitro, poco inteligente, puso en evidencia su desequilibrado arbitraje –un Brasil leñero como nunca se fue sin tarjetas– con una rigurosísima roja directa a Piqué que apenas sirvió para dar coartada arbitral a los hispanos. La superioridad numérica demostró que este Brasil no es valiente ni tiene, ni de lejos, el manejo de balón de sus antecesores: siguió abrigadito atrás y no supo esconder el balón a los españoles, pese a las ganas de baile del público.
Los comentarios serán bienvenidos.
No utilizados: Valdés, Reina; Albiol, Javi Martínez, Cesc, Soldado, Monreal, Cazorla y Silva.
BRASIL (3): Julio César; Alves, Thiago Silva, David Luiz, Marcelo; Luiz Gustavo, Paulinho (Hernanes, m. 87); Hulk (Jadson, m. 72), Óscar, Neymar; y Fred (Jo, m. 79).
No utilizados: Jefferson, Cavalieri; Dante, Filipe, Jean, Réver, Fernando, Lucas Moura, Luiz Gustavo y Bernard.
Goles:1-0. M. 2. Fred. 2-0. M. 44. Neymar. 3-0. M. 47. Fred.
Árbitro: Bjorn Kuipers (Holanda). Expulsó a Piqué con tarjeta roja directa (m. 68) y amonestó a Arbeloa y Sergio Ramos.
Lleno (unos 75.000 espectadores) en Maracaná, Río de Janeiro.
De la dura derrota de España hoy ante Brasil no deben sacarse conclusiones extremas ni precipitadas. Durante el partido se dieron casi todas las circunstancias que pueden poner un partido cuesta arriba: un rival hipermotivado, un ambiente cargadísimo en contra, un gol tempranero que lo alimenta y alivia los nervios del local, jugadas puntuales resueltas en contra en momentos decisivos –como el penalti fallado y, sobre todo, el balón sacado in extremis a Pedro por David Luiz–, un arbitraje tendencioso y permisivo con el estilo de fútbol del rival, una pequeña desventaja en el estado físico –por dos partidos duros en un clima infernal y un día menos de descanso–, el acierto poco habitual del portero rival y, lo que más nos interesa, algún error de planteamiento del entrenador español. Algunas de estos problemas, como el ambiente y los arbitrajes, se repetirán previsiblemente en el próximo Mundial, pero otros difícilmente conicidirán de nuevo. Por demás, aunque algún jugador como Xavi –incapaz de seguir el ritmo requerido por el partido– muestre síntomas de decadencia, el relevo generacional está asegurado y no se adivina el cambio de ciclo que los agoreros que lo desean desde hace años anuncian hoy: no se puede ganar siempre, y desde la cima sólo cabe mantenerse o bajar, pero no hay argumentos futbolísticos para pensar que esta selección vaya a caer pronto de las alturas donde los títulos se pueden ganar.
Primera parte
Del Bosque repitió el planteamiento de los partidos ante Nigeria e Italia: plantó el esquema y la base de equipo del Barça, el conocido 4-3-3 esta vez con Pedro por la derecha, Mata por la izquierda y Torres arriba; pero de nuevo, tal vez por no fiarse de que el estado físico de su equipo soportara un ritmo intenso, renunció a la presión alta y rápida tras pérdida, fundamento del juego de los catalanes. Como ya se discutió aquí, si se pretendía hacer un juego defensivo convencional y esperar al rival a media cancha tal vez hubiese sido más coherente utilizar a Javi Martínez para el doble pivote, aunque la plantilla de Del Bosque no estuviese diseñada para ello.
España salió pues a enfriar el partido y verlas venir; su rival, sin embargo, salió con las revoluciones a tope, y pasó por encima de los españoles en el primer cuarto de hora, en el que acumuló varias ocasiones claras con un juego basado en una presión fuerte en el centro, faltas frecuentes y cierta violencia consentida por el árbitro y celebrada por la grada, más contragolpes rápidos y balones largos a los extremos antes que riesgo en la elaboración. La primera ocasión acabó muy pronto dentro, tras usar un recurso luego repetido en el partido: los balones largos cruzados de David Luiz a Hulk, para aprovechar su superioridad en el choque ante Alba. Brasil había planteado su habitual 4-2-3-1 con mucho físico por dentro, y España no tuvo ni la firmeza en las áreas ni la suerte que salvaron el tramo inicial ante Italia y la primera parte ante Nigeria.
El natural cansancio progresivo de los brasileños pudo recibir su castigo en el cuarto de hora final de esta mitad, pero entonces dos jugadas decisivas, una en cada área, cayeron del lado local y el partido se puso 2-0.
Segunda parte
Del Bosque corrige a la fuerza su discutible planteamiento inicial: manda la presión arriba y Torres ya sí tiene la compañía de Iniesta o Xavi para apretar en la salida a los centrales brasileños. España es mejor a todo lo largo de la segunda mitad, pero de nuevo Brasil acierta en su primera ocasión y además España falla un penalti que pudo meterla de nuevo en el partido con más de media hora por delante. El técnico español refrescó el equipo con cambios de hombre, no de esquema: Azpilicueta por el tarjeteado Arbeloa, Navas por Mata con cambio de banda de Pedro como ante Italia, y Villa por Torres. Poco después de este cambio el árbitro, poco inteligente, puso en evidencia su desequilibrado arbitraje –un Brasil leñero como nunca se fue sin tarjetas– con una rigurosísima roja directa a Piqué que apenas sirvió para dar coartada arbitral a los hispanos. La superioridad numérica demostró que este Brasil no es valiente ni tiene, ni de lejos, el manejo de balón de sus antecesores: siguió abrigadito atrás y no supo esconder el balón a los españoles, pese a las ganas de baile del público.
Los comentarios serán bienvenidos.
viernes, 28 de junio de 2013
España 0 (7) - Italia 0 (6). Semifinal de la Copa Confederaciones 2013
ESPAÑA (0+7): Casillas; Arbeloa, Piqué, Ramos, Alba; Xavi, Busquets, Iniesta; Pedro (Mata 78'), Torres (Javi Martínez, 95') y Silva
(Navas 52').
ITALIA (0+6): Buffon; Barzagli (Montolivo 46'), Bonucci, Chiellini; Maggio, De Rossi, Pirlo, Giaccherini; Candreva,Gilardino (Giovinco 90') y Marchisio
(Aquillani 78').
Tiempo reglamentario y prórroga sin goles. Tanda de penaltis:
1-0: Candreva. 1-1: Xavi. 2-1: Aquilani. 2-2: Iniesta. 3-2: De Rossi.
3-3: Piqué. 4-3: Giovinco. 4-4: Ramos. 5-4: Pirlo. 5-5: Mata. 6-5:
Montolivo. 6-6: Busquets. 6-6: Bonucci. 6-7: Navas.
Árbitro: Howard Webb (ING). Amonestó a Piqué (105') por España, y a De Rossi (65') por Italia. Fortaleza, 27 de junio de 2013. Estadio lleno (unos 60.000 espectadores).
Como muy bien describía Bergomi unos días antes del partido ganado ayer por España en los penaltis, la "verdadera gran novedad" aportada tanto por el Barcelona como por
España no es tanto la posesión de la pelota, sino la recuperación. En efecto, la clave del llamado juego de posición del Barça, que la selección trata de copiar prácticamente con los mismos futbolistas, es la rapidísima transición ataque-defensa, para la que su juego ofensivo deja bien colocados a los jugadores: una presión muy rápida tras pérdida que permite la recuperación inmediata del balón. ¿Por qué no todos los equipos hacen esto? Porque sólo unos jugadores y, sobre todo, un juego colectivo como los barcelonistas (y los de España pues) permiten unas posesiones larguísimas que facilitan a sus jugadores recuperar el resuello tras el esfuerzo intenso pero breve de esa presión. La renuncia de Del Bosque al doble pivote tras la lesión de Alonso invitaba a apostar a fondo por este estilo de juego –que por demás la selección nunca ha llevado tan al extremo como su modelo–, pese a las dudas que ciertos jugadores clave, como Xavi, han suscitado esta temporada. Así se hizo en la primera parte ante Uruguay, con excelentes resultados: España abrumó a su rival.
Pero las condiciones climáticas de Fortaleza hicieron pegar un volantazo a Del Bosque, temeroso de que el tremendo calor y la humedad reventaran a sus jugadores antes de tiempo. Por ello la selección renunció a la presión alta y esperó ya ante Nigera al rival a media cancha, y sin tratar de recuperar de modo inmediato. La coincidencia de ese planteamiento con la renuncia al doble pivote, y por tanto con un centro del campo idéntico a la versión más ofensiva del del Barça, muy poco habituado a defender en estático y posicionalmente mal diseñado para las ayudas a los laterales, ha creado problemas graves a los españoles, que ayer ante Italia (como el domingo pasado ante Nigeria) se han sostenido gracias a su calidad en las áreas, en especial en la propia: España ya no supera al rival por estilo ni por superioridad en el juego del centro del campo, sino porque sus centrales, su portero y sus delanteros son mejores que los del rival.
El asunto es un tanto preocupante ya de cara al partido del Maracaná (donde el clima será más benigno pero el cansancio de la prórroga y el día de menos de descanso suplirá sus efectos), pero más aún con vistas al Mundial del próximo año, que se jugará en parecidos lugares y fechas.
Primer cuarto de hora
Prandelli hizo caso a Bergomi en su consejo de prescindir por un día de su estilo actual (muy español) y volver un tanto a sus tradiciones: permitió posesiones largas al rival y, como en el 1-1 de hace un año, situó un 5-4-1 que mutaba a 3-4-3 cuando se adelantaban los hombres de banda. Para ello renunció a un mediapunta (Montolivo) y metió un tercer central, basándose en el bloque defensivo de la Juve. Era un esquema elástico y bien arropado, con diez hombres casi siempre tras el balón y líneas próximas; sus talones de Aquiles estaban arriba, en el siempre sobrevalorado Gilardino, y abajo, en un Buffon bajo de forma. Aunque los emparejamientos defensivos no estaba muy claros, al dejar a sólo un hombre en cada carril Italia molestó mucho, por acumulación, la habitual circulación por dentro de España. Durante los primeros minutos además su presión fue intensa, los robos sucedieron a veces cerca de Busquets, y lanzaron contras rápidas, en las que sus carrileros (que, recíprocamente, tampoco tenían un defensor español claramente asignado) hicieron daño.
España, entretanto, jugaba casi al trantrán para reservar fuerzas, aunque su excesiva frialdad pudo costarle cara. La firmeza de Ramos, Piqué y Casillas sostuvo al equipo en esos minutos, pero aun así Italia pudo fácilmente marcar un par de goles.
Minutos 15 al 90
Del Bosque permuta a Silva y Pedro, antes, cosa rara, a banda natural. Italia pierde fuelle pronto y España toma progresivamente el mando de la posesión (con la excepción de un breve tramo central de la segunda mitad), en un partido jugado siempre a ritmo bajo por las terribles condiciones atmosféricas. España hostiga siempre a Pirlo y los carrileros italianos no tienen ya fuerza para recorrer la banda: España llega poco e Italia, nunca. Del Bosque castiga un agujero del sistema italiano y abre el campo con Navas para que encare a Chiellini. Luego Mata hará, como antes Silva, de falso extremo tras sustituir a Pedro. Italia había cambiado por lesión a Barzagli: valiente, Prandelli retrasó a De Rossi y metió a Montolivo junto a Pirlo, sin tocar nunca su esquema.
Prórroga
El entrenador español se halla ante una disyuntiva: relevar a un (lógicamente) cansado Torres o meter a Javi Martínez, cuya capacidad de cubrir campo era muy necesaria a esas alturas. Resuelve la duda: hace las dos cosas, en una decisión extravagante pero en cierto modo lógica. Martínez queda en teoría como delantero centro, aunque en la práctica se retrasa muchas veces en defensa para tapar espacios de algún compañero descolgado. España es ya claramente mejor, aunque se lleva algún susto, e Italia alcanza, casi ahogada, su orilla de los penaltis, para morir en ella.
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domingo, 23 de junio de 2013
España 3 - Nigeria 0 (3º y última jornada de la fase de grupos de la Copa Confederaciones)
ESPAÑA (3): Víctor Valdés; Arbeloa, Piqué, Sergio Ramos, Jordi Alba; Busquets; Xavi, Iniesta; Cesc (Silva, m.54); Pedro (Villa, m.75) y Soldado (Fernando Torres, m.60).
NIGERIA (0): Enyeama; Ambrose, Omeruo (Egwuekwe, m.12), Oboabona, Echiejile; Ogude, Obi Mikel, Sunday Mba (John Igu, m.63); Ideye, Ahmed Musa y Akpala (Muhammad, m.71).
Goles: 1-0, m.3: Jordi Alba. 2-0, m.62: Torres. 3-0, m.89: Jordi Alba.
Árbitro: Joel Aguilar (El Salvador). Unos 44.000 espectadores.
Buenas noticias añadidas a la victoria trae el partido de hoy ante Nigeria: los españoles manejaron a su antojo el ritmo del partido, y demostraron que su poder no sólo nace del centro del campo sino también de su calidad en las áreas, y que saben jugar a la contra si el partido lo requiere.
Primera parte
El enemigo y los elementos pueden hacer cambiar radicalmente el modo de juego conveniente para un partido, y el de hoy es un buen ejemplo de ello: tras el breve y excelente arranque que dio a los españoles el 1-0, la joven y fuerte selección nigeriana (con algunas bajas importantes), necesitada de ganar, quiso imprimir al partido un fuerte ritmo que los veteranos españoles sabían insostenible con el terrible calor y la humedad que se sufrían en Fortaleza. España decidió pues bajar el ritmo renunciando a la presión alta y rápida tras pérdida. Se ralentizaron también la actividad por delante del balón y la velocidad de circulación, así que los africanos, con fuerte presión y la defensa bien adelantada, nivelaron la posesión y el juego en el centro del campo. Situados en un 4-5-1 en el que Ogude era el mediocentro, Obi Mikel y Mba (algo más adelantado) los interiores, y Musa el extremo izquierdo a pie cambiado con Brown en la otra banda, con tres por dentro los nigerianos tapaban bien a Iniesta y Xavi.
NIGERIA (0): Enyeama; Ambrose, Omeruo (Egwuekwe, m.12), Oboabona, Echiejile; Ogude, Obi Mikel, Sunday Mba (John Igu, m.63); Ideye, Ahmed Musa y Akpala (Muhammad, m.71).
Goles: 1-0, m.3: Jordi Alba. 2-0, m.62: Torres. 3-0, m.89: Jordi Alba.
Árbitro: Joel Aguilar (El Salvador). Unos 44.000 espectadores.
Buenas noticias añadidas a la victoria trae el partido de hoy ante Nigeria: los españoles manejaron a su antojo el ritmo del partido, y demostraron que su poder no sólo nace del centro del campo sino también de su calidad en las áreas, y que saben jugar a la contra si el partido lo requiere.
Primera parte
El enemigo y los elementos pueden hacer cambiar radicalmente el modo de juego conveniente para un partido, y el de hoy es un buen ejemplo de ello: tras el breve y excelente arranque que dio a los españoles el 1-0, la joven y fuerte selección nigeriana (con algunas bajas importantes), necesitada de ganar, quiso imprimir al partido un fuerte ritmo que los veteranos españoles sabían insostenible con el terrible calor y la humedad que se sufrían en Fortaleza. España decidió pues bajar el ritmo renunciando a la presión alta y rápida tras pérdida. Se ralentizaron también la actividad por delante del balón y la velocidad de circulación, así que los africanos, con fuerte presión y la defensa bien adelantada, nivelaron la posesión y el juego en el centro del campo. Situados en un 4-5-1 en el que Ogude era el mediocentro, Obi Mikel y Mba (algo más adelantado) los interiores, y Musa el extremo izquierdo a pie cambiado con Brown en la otra banda, con tres por dentro los nigerianos tapaban bien a Iniesta y Xavi.
Del Bosque situó de partida a su equipo como ante Uruguay: un 4-1-2-1-2 que era el Barça con tres infiltrados. Arriba Pedro se tiraba a la derecha y Cesc jugaba libre, lo que provocaba problemas en el repliegue pues –al no monopolizar España el balón como ante Uruguay– Fàbregas no siempre tapaba a tiempo a su lateral asignado en defensa, el derecho nigeriano. Nivelada la posesión, algo largo el equipo por ciertos titubeos en la presión arriba y una defensa algo retrasada, y menos segura de lo habitual en la salida de balón, España ganaba el partido en las áreas: Ramos y un valiente Valdés sostenían una de ellas y los delanteros españoles castigaban en la otra con contras rápidas el adelantamiento de los nigerianos; España parecía pasar apuros pero acumuló un palo, un penalti no pitado y dos mano a mano fallados.
Segunda parte
Los nigerianos, asfixiados por sus excesos de la primera parte, no pueden ya presionar, así que España toca y retoca el balón a placer, regula el ritmo del partido a su gusto y machaca a los nigerianos cuando salen. España está mucho mejor físicamente, aunque Busquets había pasado sus apuros a la vuelta del descanso y Fàbregas, indispuesto, es sustituido por Silva, lo que obliga a Pedro (luego sustituido por Villa) a cambiar de banda. Tras el 2-0 el entrenador africano trata de meter algo de físico con Ogu por Mba, sin mucho resultado.
viernes, 21 de junio de 2013
España 10 - Tahití 0 (2ª jornada de la fase de grupos de la Copa Confederaciones)
ESPAÑA (10): Reina; Azpilicueta, Albiol, Sergio Ramos
(Navas, m. 46), Monreal; Javi Martínez; Mata (Cesc, m. 69), Cazorla
(Iniesta, m. 77); Silva, Torres y Villa.
TAHITÍ (0): Roche; Lemaire (Vero, m. 74), Jonathan Tehau, Vallar, Ludivion, Aitamai; Vahirua, Bourebare (Lorenzo Tehau, m. 68), Caroine, Chong Hue; y Alvin Tehau (Teaonui Tehau, m. 53).
Goles: 1-0. M. 5. Torres. 2-0. M. 31. Silva. 3-0. M. 33. Torres. 4-0. M. 38. Villa. 5-0. M. 48. Villa. 6-0. M. 58. Torres. 7-0. M. 63. Villa. 8-0. M. 66. Mata. 9-0. M. 79. Torres. 10-0. M. 89. Silva.
Árbitro: Djamel Haimoudi (Argelia). Amonestó a Cazorla. Unos 71.200 espectadores en Maracaná.
Pocas conclusiones tácticas se pueden sacar del esperpéntico partido de esta tarde, jugado ante una selección de aficionados cuya pobreza técnica sólo era comparable a su nivel físico. Los tahitianos jugaron un 5-4-1 que sólo demostró que juntar muchísimo las líneas (a base de adelantar la defensa en este caso) no sirve de nada si no se hace la más mínima presión al poseedor del balón. No la hacían, cierto, porque no podían. Al menos España se apiadó de ellos y no apretó arriba nunca de verdad, así que les permitió tocarla un poco.
Del Bosque puso su 4-3-3 de este campeonato, que parece que será su plan general porque ha confeccionado una plantilla con sólo dos mediocentros, de modo que el doble pivote difícilmente será el planteamiento de salida en ningún partido, ni siquiera contra Brasil o Italia. El seleccionador dio minutos a los que no habían jugado, así que Cazorla y Mata fueron los interiores, y Silva (derecha) y Villa los extremos.
Tras el descanso del Bosque perdió la ocasión de probar a Navas de verdadero lateral derecho (un recurso sugerente para situaciones de emergencia); jugó en esa banda pero como carrilero con gran recorrido, en un esquema asimétrico con defensa de tres algo desplazada hacia la izquierda (Azpilicueta, Albiol y Monreal). Navas aprovechó el espacio dejado por Silva, desplazado a la mediapunta, hasta entonces vacía.
El partido, de ritmo bajísimo, fue una sucesión de balones lanzados por los españoles a la espalda de la defensa tahitiana desde detrás de sus dos líneas. Diez acabaron dentro.
TAHITÍ (0): Roche; Lemaire (Vero, m. 74), Jonathan Tehau, Vallar, Ludivion, Aitamai; Vahirua, Bourebare (Lorenzo Tehau, m. 68), Caroine, Chong Hue; y Alvin Tehau (Teaonui Tehau, m. 53).
Goles: 1-0. M. 5. Torres. 2-0. M. 31. Silva. 3-0. M. 33. Torres. 4-0. M. 38. Villa. 5-0. M. 48. Villa. 6-0. M. 58. Torres. 7-0. M. 63. Villa. 8-0. M. 66. Mata. 9-0. M. 79. Torres. 10-0. M. 89. Silva.
Árbitro: Djamel Haimoudi (Argelia). Amonestó a Cazorla. Unos 71.200 espectadores en Maracaná.
Pocas conclusiones tácticas se pueden sacar del esperpéntico partido de esta tarde, jugado ante una selección de aficionados cuya pobreza técnica sólo era comparable a su nivel físico. Los tahitianos jugaron un 5-4-1 que sólo demostró que juntar muchísimo las líneas (a base de adelantar la defensa en este caso) no sirve de nada si no se hace la más mínima presión al poseedor del balón. No la hacían, cierto, porque no podían. Al menos España se apiadó de ellos y no apretó arriba nunca de verdad, así que les permitió tocarla un poco.
Del Bosque puso su 4-3-3 de este campeonato, que parece que será su plan general porque ha confeccionado una plantilla con sólo dos mediocentros, de modo que el doble pivote difícilmente será el planteamiento de salida en ningún partido, ni siquiera contra Brasil o Italia. El seleccionador dio minutos a los que no habían jugado, así que Cazorla y Mata fueron los interiores, y Silva (derecha) y Villa los extremos.
Tras el descanso del Bosque perdió la ocasión de probar a Navas de verdadero lateral derecho (un recurso sugerente para situaciones de emergencia); jugó en esa banda pero como carrilero con gran recorrido, en un esquema asimétrico con defensa de tres algo desplazada hacia la izquierda (Azpilicueta, Albiol y Monreal). Navas aprovechó el espacio dejado por Silva, desplazado a la mediapunta, hasta entonces vacía.
El partido, de ritmo bajísimo, fue una sucesión de balones lanzados por los españoles a la espalda de la defensa tahitiana desde detrás de sus dos líneas. Diez acabaron dentro.
lunes, 17 de junio de 2013
España 2 - Uruguay 1 (primera jornada de la Copa Confederaciones)
España (2): Casillas; Arbeloa, Piqué, Sergio Ramos, Jordi Alba; Xavi (Javi Martínez, m.77), Busquets, Iniesta; Pedro (Mata, m.81), Cesc (Cazorla, m.65) y Soldado.
Uruguay (1): Muslera; Pereira, Lugano, Godín, Martín Cáceres; Gastón Ramírez (Álvaro González, m.46), Gargano (Lodeiro, m.63), Ruso Pérez (Forlán, m.69), Cebolla Rodríguez; Luis Suárez y Cavani.
Goles: Pedro, min. 20. Soldado, min. 32. Suárez, min. 88.
Recife (Brasil), 16 de junio de 2013
Minuto 1 al 60
Tuvo que faltar Alonso para que Del Bosque, libre al fin del doble pivote aun a costa de los merecimientos de Javi Martínez, llevase a la perfección su arte de copiar los inventos tácticos del Barcelona. Al igual que Vilanova, aplicó un 4-3-3 asimétrico con un solo extremo (Pedro), en este caso casi siempre abierto a la derecha, de modo que era Alba por la izquierda el lateral que contaba con todo el pasillo para subir, a la manera de Alves en el Barça. Soldado quedaba como verdadero delantero centro, con Fàbregas libre por la mediapunta y Xavi e Iniesta como interiores.
El segundo punto clave en el que España copió radicalmente al Barça fue la presión tras pérdida, uno de los fundamentos del juego de posición barcelonista, ejecutada excelentemente, de modo que la posesión se desniveló de forma escandalosa. Arbeloa mereció especial mención en este aspecto. En las escasas ocasiones en que Uruguay salía de esa presión, las faltas tácticas y la velocidad de los centrales españoles, impecables ante dos delanteros de primer nivel, resolvieron los problemas.
La primera parte fue una verdadera exhibición de España. Sus jugadores mostraron un ritmo altísimo de balón y un gran juego colectivo ofensivo, con movilidad constante por delante del balón y toques a la primera; Uruguay hizo una presión fuerte durante los primeros cinco minutos (hasta que Cavani y Suárez se dieron cuenta de que iban a reventar); luego sólo supo cubrirse del vendaval a base de juego duro, según su tradición, y apenas durante cinco minutos mediada esa primera parte.
El panorama empeoró para Uruguay por su mala lectura del esquema español. Tabares puso de inicio un 4-4-2 con rombo en el que Pérez era el ancla y Gastón Ramírez el enganche, con Gargano y el Cebolla a derecha e izquierda; las peculiares posiciones de los españoles emparejaron de modo natural a Gargano con Iniesta, de modo que Alba quedaba muy libre hasta que se encontraba arriba con Pereira. Pese a ello la cosa funcionaba mal que bien para Uruguay, pero cuando su entrenador quiso arreglarlo, en el minuto 15, sólo lo empeoró: mandó a Ramírez a la derecha y situó un 4-4-2 en el que Cavani y Suárez, bastante abiertos, trataban de incomodar a los tres españoles de la base de la jugada, sin apenas presión contra el mediocentro, mientras el Ruso Pérez y Gargano acudían a apretar a Xavi e Iniesta, situados a los costados de un cómodo Busquets. Cesc se encontró entonces con un latifundio a la espalda de los mediocentros. Los dos hombres ociosos que descompensaban el sistema defensivo uruguayo eran un central –pues Soldado, con buen criterio, no venía a la mediapunta a pedirla y entretenía a los dos, de modo que éstos nunca abandonaban la última línea para salir a la anticipación a la mediapunta española– y el lateral derecho Pereira, que, ya sin pareja y desquiciado, se encontraba por su zona una vez a Alba, otra a Iniesta, la siguiente a Fàbregas... o a nadie. Tras el 1-0 Tabares permutó a Ramírez, flojo, con Rodríguez, para al menos emparejar al primero con Arbeloa, sin duda el lateral español menos ofensivo; en el descanso lo eliminó y el Cebolla volvió a la izquierda.
Última media hora
España bajó el ritmo tras la hora de juego. Se perdió movilidad por delante del balón y presión tras la pérdida; la mejora en el toque de los uruguayos con el cambio de sus mediocentros (acabaron en rombo con Forlán por delante de Lodeiro), más el golazo de Suárez, provocaron un final demasiado apurado.
Los cambios españoles apenas alteraron el esquema: Cazorla y Mata se situaron al modo de Fàbregas y Pedro respectivamente, y Javi Martínez nunca hizo doble pivote con Busquets, sino que se situó claramente por delante de este, a la manera de Xavi.
Uruguay (1): Muslera; Pereira, Lugano, Godín, Martín Cáceres; Gastón Ramírez (Álvaro González, m.46), Gargano (Lodeiro, m.63), Ruso Pérez (Forlán, m.69), Cebolla Rodríguez; Luis Suárez y Cavani.
Goles: Pedro, min. 20. Soldado, min. 32. Suárez, min. 88.
Recife (Brasil), 16 de junio de 2013
Minuto 1 al 60
Tuvo que faltar Alonso para que Del Bosque, libre al fin del doble pivote aun a costa de los merecimientos de Javi Martínez, llevase a la perfección su arte de copiar los inventos tácticos del Barcelona. Al igual que Vilanova, aplicó un 4-3-3 asimétrico con un solo extremo (Pedro), en este caso casi siempre abierto a la derecha, de modo que era Alba por la izquierda el lateral que contaba con todo el pasillo para subir, a la manera de Alves en el Barça. Soldado quedaba como verdadero delantero centro, con Fàbregas libre por la mediapunta y Xavi e Iniesta como interiores.
El segundo punto clave en el que España copió radicalmente al Barça fue la presión tras pérdida, uno de los fundamentos del juego de posición barcelonista, ejecutada excelentemente, de modo que la posesión se desniveló de forma escandalosa. Arbeloa mereció especial mención en este aspecto. En las escasas ocasiones en que Uruguay salía de esa presión, las faltas tácticas y la velocidad de los centrales españoles, impecables ante dos delanteros de primer nivel, resolvieron los problemas.
La primera parte fue una verdadera exhibición de España. Sus jugadores mostraron un ritmo altísimo de balón y un gran juego colectivo ofensivo, con movilidad constante por delante del balón y toques a la primera; Uruguay hizo una presión fuerte durante los primeros cinco minutos (hasta que Cavani y Suárez se dieron cuenta de que iban a reventar); luego sólo supo cubrirse del vendaval a base de juego duro, según su tradición, y apenas durante cinco minutos mediada esa primera parte.
El panorama empeoró para Uruguay por su mala lectura del esquema español. Tabares puso de inicio un 4-4-2 con rombo en el que Pérez era el ancla y Gastón Ramírez el enganche, con Gargano y el Cebolla a derecha e izquierda; las peculiares posiciones de los españoles emparejaron de modo natural a Gargano con Iniesta, de modo que Alba quedaba muy libre hasta que se encontraba arriba con Pereira. Pese a ello la cosa funcionaba mal que bien para Uruguay, pero cuando su entrenador quiso arreglarlo, en el minuto 15, sólo lo empeoró: mandó a Ramírez a la derecha y situó un 4-4-2 en el que Cavani y Suárez, bastante abiertos, trataban de incomodar a los tres españoles de la base de la jugada, sin apenas presión contra el mediocentro, mientras el Ruso Pérez y Gargano acudían a apretar a Xavi e Iniesta, situados a los costados de un cómodo Busquets. Cesc se encontró entonces con un latifundio a la espalda de los mediocentros. Los dos hombres ociosos que descompensaban el sistema defensivo uruguayo eran un central –pues Soldado, con buen criterio, no venía a la mediapunta a pedirla y entretenía a los dos, de modo que éstos nunca abandonaban la última línea para salir a la anticipación a la mediapunta española– y el lateral derecho Pereira, que, ya sin pareja y desquiciado, se encontraba por su zona una vez a Alba, otra a Iniesta, la siguiente a Fàbregas... o a nadie. Tras el 1-0 Tabares permutó a Ramírez, flojo, con Rodríguez, para al menos emparejar al primero con Arbeloa, sin duda el lateral español menos ofensivo; en el descanso lo eliminó y el Cebolla volvió a la izquierda.
Última media hora
España bajó el ritmo tras la hora de juego. Se perdió movilidad por delante del balón y presión tras la pérdida; la mejora en el toque de los uruguayos con el cambio de sus mediocentros (acabaron en rombo con Forlán por delante de Lodeiro), más el golazo de Suárez, provocaron un final demasiado apurado.
Los cambios españoles apenas alteraron el esquema: Cazorla y Mata se situaron al modo de Fàbregas y Pedro respectivamente, y Javi Martínez nunca hizo doble pivote con Busquets, sino que se situó claramente por delante de este, a la manera de Xavi.
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